sábado, 24 de abril de 2010


Elly está nerviosa. Después de dos meses amando en silencio, va a confesar sus sentimientos. Juguetea con una sonrisa perenne con las mangas de su jersey azul cielo mientras le espera en el pasillo del instituto.
Por fin le ve aparecer por una esquina, rodeado por su séquito de admiradoras que le miran babeando. Ella no las ve, ni a ellas ni a nadie salvo a él desde que entró. Es él. Con sus brillantes ojos verdes y sus ondulados cabellos negros, le arrebata la respiración, a Elly y a todas las chicas de segundo.
Elly suspira. Cuando se acerca, le pide hablar a solas un momento.
-¿Sí?
-Verás, es que... tengo que decirte una cosa.
-¿El qué?
-Es que yo... yo...
-Oh, claro. Que sientes algo por mí. Otra admiradora más -la interrumpe, y sonríe, socarrón. Pero luego borra la sonrisa de su rostro-. Pues, lo siento. Lo nuestro no puede ser. Quiero decir, mírate, y mírame a mí. Lo entiendes, ¿no?
Elly esboza una sonrisa comprensiva.
-Claro -contesta-, yo soy demasiado buena para ti.
Y se da la vuelta y comienza a caminar por el pasillo, dejando por primera vez en toda su vida de arrogancia al popular, clavado en el suelo y sin saber qué decir.

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