
después de estar persiguiéndonos todo el día por la hierba fresca y
húmeda por el rocío.
Me gusta cuando me miras con esos enormes ojos almendrados tuyos,
que me lo dicen todo sin tú decirme nada, y haces que una sonrisa
se dibuje en mi rostro sin ni siquiera pensarlo.
Me gustan nuestros silencios, que son de todo menos incómodos, en los que
no hacen falta las palabras, porque nos conocemos tan bien que cada uno sabe
lo que está pensando el otro.
Me gustan los sábados al mediodía, cuando voy a tu casa y el olor de la
tarta de chocolate tan deliciosa que hace tu madre nos inunda la nariz...
Me gustan las tardes que pasamos en mi habitación, entre risas y miradas, supuestamente "estudiando", aunque no abrimos ni un libro...
Cuándo pasó lo que yo siento de amistad a amor? Ni idea. Supongo que fue alguna tarde
que pasamos juntos en el parque cuando comenzaste a hacerme sentir mariposas en el
estómago. ¿Quién dice que con trece años no se puede amar de verdad?
Aunque, por supuesto, todo lo que siento no te lo confesaré nunca.
Te aprecio demasiado como amigo como para perderte por una estúpida confesión.